La semana pasada mi marido compró el DVD “El secreto”. Ya habíamos leído el libro y nos gustó mucho. De hecho es uno de los libros que más veces releo.

En el documental, al igual que en el libro exponen sus ideas acerca de la ley de la atracción 24 maestros (filósofos, metafísicos, empresarios, psicólogos, visionarios, escritores,...)

Uno de ellos es Jack Canfield autor de “Los principios del éxito” y coautor junto a Mark Victor Hansen del libro Sopa de pollo para el alma.

Este libro es una serie de relatos conmovedores que alimentan el alma.

Hoy he querido compartir uno de esos relatos contigo. A mi me ha llegado al corazón y me han saltado las lágrimas.

Pero también me ha recordado que soy importante, que eres importante, que somos importantes por quienes somos, y necesitamos oírlo, sobre todo de las personas que nos importan.

Sí que importa quién soy. Sopa de pollo para el alma

Sí que importa quién soy. Sopa de pollo para el alma

Aquí tienes el relato, espero que te inspire igual que lo ha hecho en mi.

Sí que importa quién eres

Una maestra neoyorquina decidió homenajear a cada uno de sus alumnos del último curso de bachillerato diciéndoles lo importantes que eran. Se valió de un procedimiento ideado por Hélice Bridges de Del Mar, California, y fue llamando a la pizarra, uno a uno, a todos los estudiantes. Primero fue diciendo a cada uno por qué él (o ella) era importante tanto para la maestra como para la clase. Después les fue dando una cinta azul que llevaba impreso, en letras doradas, el texto siguiente: «Sí que importa quién soy».

Después decidió investigar qué tipo de influencia tendría el hecho del reconocimiento sobre una comunidad. Dio a cada uno de sus alumnos tres cintas más y les encargó que difundieran en su medio esta ceremonia de reconocimiento. Luego debían hacer un seguimiento de los resultados, ver quién reconocía los méritos de quién y, al cabo de una semana, presentar un informe a la clase.

Uno de los chicos de la clase fue a visitar a un joven ejecutivo, para reconocer la ayuda que éste le había prestado en la planificación de su carrera. Le dio una cinta azul y se la prendió en la camisa. Después le entregó dos cintas más, diciéndole:

—En clase estamos realizando un proyecto de investigación sobre el reconocimiento y nos gustaría que usted también encontrase a alguien merecedor de este honor, le diera una cinta azul y otra para que esa persona, a su vez, pueda reconocer a una tercera persona y así mantener en marcha esta ceremonia. Le ruego que después me informe de lo que suceda.

El mismo día, el joven ejecutivo fue a ver a su jefe que, en honor a la verdad, siempre se había caracterizado por ser bastante gruñón y le dijo que lo admiraba profundamente por su creatividad. El jefe pareció sorprendidísimo, más aún cuando su colaborador le preguntó si aceptaría que le entregara la cinta azul y le permitiría que se la prendiera.

—Bueno... sí, claro —balbuceó el atónito jefe.

El joven ejecutivo se la colocó en el pecho, sobre el corazón, y finalmente le dio la otra cinta, preguntándole:

—¿Me haría usted el favor de aceptar esa cinta y ofrecérsela a alguien que la merezca? El chico que me las dio está haciendo un proyecto escolar y queremos que esta ceremonia de reconocimiento continúe, para ver de qué manera afecta a la gente.

Esa noche, cuando el jefe regresó a casa, llamó a su hijo de catorce años y, tras indicarle que se sentara, le dijo:

—Hoy me pasó algo de lo más increíble. Estaba en mi despacho cuando uno de los ejecutivos vino a decirme que me admiraba y me dio una cinta azul por mi creatividad. ¡Imagínate, piensa que soy un genio creativo! Después me puso en la solapa esta cinta azul que dice «Sí que importa quién soy» y me dio otra pidiéndome que se la diera a alguien que a mi juicio la merezca. Esta noche, mientras volvía a casa, me puse a buscar a alguien cuyos méritos quisiera reconocer y me acordé de ti. Eres tú quien se merece este reconocimiento.

»Mi vida es realmente un acoso, y cuando vuelvo a casa no te presto mucha atención. A veces te grito por no traer notas suficientemente buenas de la escuela, pero no sé bien por qué, esta noche quería sentarme aquí contigo y... bueno, decirte simplemente que me importas. Además de tu madre, tú eres la persona más importante que hay en mi vida. ¡Eres un chico estupendo y te quiero muchísimo!

El sorprendido muchacho empezó a sollozar, y no podía dejar de llorar. Le temblaba todo el cuerpo. Levantó los ojos hacia su padre y le dijo, entre lágrimas:

—Papá, estaba pensando en suicidarme esta noche, creyendo que tú no me querías, ¡pero ahora ya no es necesario!

          Helice Bridges

Bueno, sobran las palabras. No esperes a decirle a la persona que quieres lo importante que es.

¡Sonríe a la vida y la vida te sonreirá!



Espero que te haya gustado.

Me encantaría conocer tu opinión, déjame tus comentarios aquí debajo o mediante este formulario.

¡Un fuerte abrazo!
Inma Ruiz
Inma Ruiz


Gracias por leer en Gana Dinero y Tiempo mi artículo "Sí que importa quién eres. Sopa de pollo para el alma"



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