Creencia Irracional. Existe una solución perfecta para cada uno de los problemas humanos

Bueno durante varias semanas he hablado de las Creencias Irracionales que propuso hace años Albert Ellis.

A mi me han servido para darme cuenta que varias de ellas las tenía muy arraigadas y poco a poco estoy reemplazándolas.

Con el artículo de hoy termino esta sección.

Hoy hablaré de la última, que además es también la undécima Creencia Irracional.

Y para esta ocasión en lugar de utilizar el cuento que aparece en el libro «Aprendo a Vivir» de Bernabé Tierno, por el cual conocí las once Creencias Irracionales, voy a proponer otro.

Este relato me parece que refleja mejor la última Creencia Irracional.

UNDECIMA CREENCIA IRRACIONAL

«Existe una solución perfecta para cada uno de los problemas humanos».

Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo.

El gran maestro reunió a todos sus discípulos y les dijo:

“Voy a presentarles un problema. Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre él un enorme y hermoso florero de porcelana con una preciosa rosa roja.

“Este es el problema”.

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Tras unos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el florero con determinación y lo tiró al suelo.

El maestro dijo entonces:

“Usted es el nuevo guardián”.

“Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema y tenían que resolverlo“

De todos los discípulos sólo uno tomó la decisión de atacar el problema, puede que no fuera la solución perfecta, pero fue una solución y logró el premio.

En la vida se nos presentan infinidad de problemas, algunos tan fascinantes que nos absorben tratando de encontrar la solución perfecta. Nos gusta darles vueltas en la cabeza, analizarlos una y otra vez. Pero esto no resuelve el problema sólo lo mantiene vivo y consume tu tiempo.

Pensamos en todo lo malo que puede traernos el no resolverlo. Y no somos conscientes de que esos desastres son productos de nuestra mente.

Nos centramos tanto en lograr la solución perfecta que alargamos el problema eternamente.

Ante un problema debes plantear distintas soluciones y elegir una de ellas, la que sea más factible, que no tiene por que ser la mejor ni más perfecta, pero que es valida.

Considerar los problemas como oportunidades de mejora es una visión mejor que considerarlos como amenazas.

¡Sonríe a la vida y la vida te sonreirá!


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