Creencia irracional. Uno deberá sentirse muy preocupado por los problemas y las perturbaciones de los demás

Esta tarde después de trabajar he estado hablando con una amiga que hoy ha tenido un disgusto por causa del trabajo.

Mi amiga es muy responsable y se involucra mucho con su trabajo. Sin comerlo ni beberlo hoy se ha tenido que tragar una riña de su jefe por un error de una tercera persona.

Se sentía destrozada, infravalorada, asustada.

Dedica un montón de horas al trabajo porque tiene mucha faena, se queda a comer allí para adelantar, incluso ha ido algún fin de semana para solucionar algún problema de su trabajo. Le ha afectado mucho lo que le han dicho.

Yo también he vivido situaciones como las de mi amiga. Durante años me ha afectado mucho los problemas de los demás y lo que me pudieran decir, el trabajo lo tomaba como algo personal, incluso mi salud se veía afectada.

Gracias al giro que ha dado mi vida en estos últimos meses, estoy aprendiendo poco a poco a ocuparme de lo que realmente importa y a dejar de preocuparme por lo que me pueden decir.

Yo estoy eligiendo en cada momento como reaccionar ante lo que pasa a mi alrededor, y ha sido una verdadera liberación, he descubierto un enorme poder en mi.

Esto me ha recordado una de las creencias irracionales de Albert Ellis, se trata de la décima creencia irracional.

En el libro “Aprendo a vivir” de Bernabé Tierno que es donde conocí las once creencias irracionales aparece el siguiente cuento para explicarla.

DECIMA CREENCIA IRRACIONAL

«Uno deberá sentirse muy preocupado por los problemas y las perturbaciones de
los demás».

Lo que le sucedió a un viajero que pasó por un pueblo en el que vivía un loco:

En un pequeño pueblo vivía un loco que estaba todo el día asomado a la ventana de su casa insultando a todo el que por allí pasaba.

Los habitantes del pueblo lo sabían y lo aceptaban sin más.

Pero cierto día pasó por el pueblo un viajero y cuando estuvo delante de la ventana, el loco empezó a insultarle.

El viajero intentó hablar con él y hacerle razonar, pero el loco ni le escuchaba.

El viajero salió del pueblo destrozado, pensando en cómo alguien había sido capaz de hacerle eso.

¿Cuantas veces te has responsabilizado de lo que ha hecho otra persona, de su conducta, cuando realmente la reacción que tiene la otra persona no depende de lo que tú has hecho?

A mi me ha pasado con bastante frecuencia, pero como he dicho antes, en esta nueva fase de mi vida estoy cambiando muchos conceptos, ideas y comportamientos que no me ayudaban nada.

Estoy aprendiendo a elegir mi actitud, a decidir que la reacción colérica de otra persona no tiene que afectarme hasta el extremo de tener un disgusto. Pediré disculpas si es necesario y pasaré página.

Tengo que tener presente que por mucho que me disguste por la conducta de otra persona, por mucho que me afecte, no voy a poder cambiar su actitud, entonces ¿para qué voy a malgastar mi energía, tiempo y salud en algo que al fin y al cabo no es vital para mi?. La clave está es saber distinguir entre lo que es importante para mi y lo que no lo es.

Esto es fácil de decir, el llevarlo a la práctica requiere algo más de esfuerzo, pero te aseguro que se puede controlar, yo lo estoy haciendo, se empieza con pequeñas cosas y se va ampliando cada vez más.

¡Sonríe a la vida y la vida te sonreirá!

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