Inteligencia Emocional. La regla de oro

He empezado a leer un libro que llevaba tiempo en la estantería. Lo compramos hace tiempo, cuando mi hijo nació.

Se trata de «Educar con Inteligencia Emocional» escrito por Maurice J.Elias, Steven E. Tobias y Btian S. Friedlander.

No puedo contar mucho sobre el libro porque apenas he podido leer unas cuantas páginas pero me parece muy educativo. Tanto si tienes hijos como si no los tienes creo que merece la pena dedicarle tiempo para leerlo.

Desde pequeña mi madre me ha enseñado con su ejemplo a tratar a los demás de la misma manera que me gustaría que me tratasen a mi.

Si yo no quiero que me griten entonces no debo gritar a nadie ya que a esa otra persona seguramente tampoco le gusta que le griten.

Si no me gusta que me ridiculicen entonces no debo poner a nadie en ridículo.

Creo que está muy claro, al final consiste en tratar a los demás como te gustaría ser tratado a ti.

Bueno pues en el primer capítulo del libro han dado un paso más. Esta regla de oro la han modificado ligeramente, y al referirse a como debes de tratar a tus hijos, no se limitan a indicarte que lo hagas como te gustaría ser tratado tú, debes tratar a tus hijos como te gustaría que les tratasen los demás.

Me ha dejado sorprendida, desde luego si el libro continua igual que ha empezado resulta muy prometedor.

Si no me gusta ver que a mis hijos les gritan o se meten con ellos como puedo permitir hacerlo yo.

Como madre quiero lo mejor para mis hijos, pero reconozco que en ocasiones el día a día no es sencillo, cuando llega la hora de acostarse y se entretienen con tonterías, me ponen nerviosa, y acabo enfadándome.

Educar a tu hijo con inteligencia emocional requiere de un gran esfuerzo para cambiar hábitos malos por buenos, creo que aplicar estos consejos me llevará tiempo, pero a la larga creo sinceramente que ganaremos todos. Disfrutaremos mucho más de nuestro tiempo juntos.

Educar a un hijo no es una tarea sencilla, pero si se ponen ganas, paciencia y mucho amor, se consigue.

Quiero cultivar una buena relación con mis hijos, que además de madre sea una amiga en caso de necesidad a la que sepan que pueden recurrir si me necesitan.

No sé si todos los padres hacen lo que hacían los míos, pero espero que llegado el momento, si mis hijos me necesitan, me llamen con confianza para ir a recogerlos de una fiesta sea la hora que sea.

Mi padre lo hizo en más de una ocasión cuando yo era una adolescente. Saber que podía (y puedo) contar con él en cualquier situación es algo que no tiene precio. Soy muy sentimental y recordar lo mucho que me han querido y quieren mis padres me ha emocionado. Doy gracias por la gran suerte que tengo de que sean mis padres.

En fin, si como padres somos capaces de dar la vida por nuestros hijos, ¿cómo resulta tan fácil enfadarnos con ellos cuando se entretienen enjugazados antes de irse a dormir, o cuando en lugar de guardar sus juguetes sacan más, o se hacen los remolones cuando tienen que estudiar?. Olvidamos que son niños en lugar de adultos.

Uno de mis primeros artículos fue La Ley de la Atraccion. Papá Olvida. En el aparece un relato de W. Livingston Larned titulado “Papá Olvida” y que es conmovedor, te recomiendo darle un vistazo.

Una relación de confianza se tiene que sembrar y regar con mucho amor para que florezca y ese es uno de mis objetivos como madre, así que voy a tener muy presente la regla de oro.

Trataré a mis hijos como me gustaría que los tratasen los demás.

¡Sonríe a la vida y la vida te sonreirá!


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3 comentarios

  1. Hola Inma,

    Primero que nada una disculpa por no aparecer antes, he andado como un loco de trabajo, pero hoy domingo me doy mi tiempo para comentar esta entrada que también me ha conmovido como noto que lo ha hecho contigo al escribirla.

    Yo aún no tengo hijos, pero hoy aprendí una grata lección, no pensar en ellos como adultos, sino como niños, creo que es fundamental.

    También soy agradecido por los padres y los suegros que tengo, siento que soy afortunados, pues son seres humanos ejemplares.

    Saludos,

    Omar Carreño

    • Hola Omar,

      Nada de disculpas, no son necesarias.

      Me gusta saber que puedo llegar a trasmitir lo que siento cuando escribo y ser capaz de contagiar mi emoción.

      Muchas gracias por tus cariñosos comentarios.

      Un saludo,

      Inma.

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