Nuestras acciones tienen consecuencias

La mejor forma de enseñar a los niños es con el ejemplo.

A mi me ha servido de mucho leer El secreto. Me ha revelado cosas que no sabía, y al aplicarlas en mi día a día me siento mucho mejor, pero no puedo soltarles un libro a mis hijos y esperar que vean lo que yo he tardado en aprender.

Además, es un libro que entienden los mayores, con 8 y 5 años no lo pueden asimilar. Así que trato de enseñárselo con ejemplos y tratando de ser su modelo.

No me malinterpretes, no creo que sea una fanática de este libro y de otros similares que he leído este año. Simplemente me he quedado con aquellas cosas que me están aportando algo bueno a mi vida, que me ayudan a reconocer lo importante para mi.

Una de las cosas que les estoy enseñando a mis hijos es que todo lo que uno hace tiene consecuencias, buenas o malas. Creo que es una buena lección que deben aprender y que les ayudará en la vida.

Cuando se presenta una oportunidad para que lo vean se lo digo.

Por ejemplo, hemos visto «Campanilla y el Tesoro Perdido». En una escena, Campanilla saca la piedra lunar de su cofre para colocarla en el nuevo cetro que ha terminado. Entonces llega Terence con una brújula. Ocurren varias cosas y el cetro se rompe. Campanilla se enfada mucho con Terence, le dice que se vaya, y ella toda enfadada da una patada a la brújula. Se abre la tapa y golpea la piedra lunar que queda rota en mil pedazos.

Mientra veíamos esta escena les dije a mis hijos que todo, absolutamente todo lo que hacemos tiene consecuencias.

Es sólo una película pero pueden ver que el enfado y la patada de Campanilla tiene una fatal consecuencia, se rompe la piedra lunar.

Igual que se los hago ver con los dibujos, también hago con la vida real. Y con pequeñas acciones van viendo lo que ocurre.

Si no hacen los deberes el viernes la consecuencia es que no podrán jugar con la video consola hasta terminarlos. Si no recogen los juguetes no los tendrán otro día. Si dejo la ropa en el comedor, la consecuencia es que estará desastrado. Si me pongo a invertir sin aprender antes como hacerlo tendrá una consecuencia diferente a si invierto después de adquirir educación financiera. Si gasto más de lo que gano tendrá una clara consecuencia, me endeudaré.

En fin que todo lo que hacemos tiene una consecuencia.

Es algo que entendemos con los años, pero que cuanto antes se aprenda mejor, por eso intento que mis hijos se den cuenta. Además, recordárselo también hace que yo tome conciencia de ello.

Si tengo una actitud positiva y feliz ante la vida es más fácil que la consecuencia de mi actitud sea buena.

¡Sonríe a la vida y la vida te sonreirá!

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